«La conexión entre el japonés y el ainu: la jerga de los “matagi”», por Mashiho Chiri

(Nota: La adaptación de este ensayo responde únicamente al interés del traductor por determinadas materias o autores, ya sea de forma directa o indirecta.
Este texto se ha traducido de forma manual sin el uso de IA generativa).

Así como el pueblo japonés es una coalición de diversas gentes, su idioma también es una amalgama que nace a partir de una relación compleja de elementos. Hay determinados componentes cuyo origen está en el idioma ainu: palabras como ezo, emishi o ainu con los que denominar a las poblaciones, pero también nombres de la flora y fauna del norte, conceptos únicos para definir tradiciones, e incluso términos para describir la topografía específica de las montañas; muchas son las palabras que proceden del vocabulario ainu. En la región de Tōhoku, al norte de la isla de Hondo (Honshū), se conservan muchos topónimos derivados de dicho idioma, lo que sin duda nos indica que los ainu poblaron estas tierras hace mucho tiempo. Resulta particularmente llamativo el hecho de que el ainu aún está muy arraigado en el lenguaje de los cazadores locales, quienes se llaman matagi, sin que sean conscientes de dicha proveniencia.

              El término ainu matagi no solo se utiliza en el territorio de Ōu (Tōhoku), sino también en una parte de la prefectura de Niigata, en la que a los perros se les llama seta, sheda, setta o heda. En algunas zonas, la variedad dialectal para la carne de perro recoge el mismo vocablo que en el ainu de seta, o también sheta (en el ainu no hay distinción entre la pronunciación de los fonemas de la columna «sa» y los de la columna «sha»). A la cabeza, sea de humano o de oso, se la llama hake, hakke, hakkei o hakki entre otros, y la toalla que se usa para envolver en la cabeza es hakkekaramaki. Son términos cuya procedencia del pake (cabeza) ainu resultan más que evidentes (el fonema «pa» del ainu se traslada al japonés como «ha» /ja/). El corazón como órgano es sanbe, que es igual que el equivalente en ainu, mientras que el agua se conoce como waka o wakka, pero no solo se aplica al agua; también se emplea para la lluvia, el orín, las lágrimas, las aguas termales o el sake. La lluvia es amawakka y un paraguas de papel aceite es un wakkaputa (tapón -蓋, futa- de agua), el sake claro es meguriwakka y el turbio kiyowakka, el orín es ujiwakka (agua interior 内水, «agua que sale del cuerpo») y un pez es un wakkamuguri («algo que bucea en el agua»). El mar se conoce como horowakka y una inundación es wakkahoro; horo significa «grande» y «mucho» respectivamente,  pero a ambos los reconocemos del poro ainu.

              Para la abundancia de nieve se utiliza washihoro, en el que el washi procede de upashi («nieve», upas en ainu), en una evolución que parece haberse dado tal que upashiushiuwashiwashi. En el dialecto regional también se llama directamente washi a la nieve, y para deslizarse por esta se usa washi ashigoku, entre otros términos. Tanto a la madera como a los palillos fabricados a partir de dicho material se los conoce como tsuguri o tsugui, una variante fonética de chikuni («madera»). Cuando el fuego chisporrotea, se dice «happi ga hogeru», en el que happi parece una adaptación fonética de la palabra ape («fuego»). El compuesto 日月 para «sol y luna» se llama toppi, cuya procedencia puede ser el tonpi del dialecto del ainu del norte. Para el clima tenemos kado (o kando), similar al kando con el que en ainu se denomina al «cielo». A una tira de piel se la llama tonari, un calco del ainu donde se usan indistintamente tonari o torari. Un fardo de cuerdas es un shinari y una faja es un obishinari, derivado quizás de shina en ainu (atar en japonés es musubu o shibaru). Una persona mayor es un horoke, lo que recuerda al horokepo (persona joven) del ainu hablado en Karafuto (Sajalín). El sufijo «-po» en este caso es el que añade el matiz de «joven» a la palabra.

              En general, estos términos propios de la jerga montañera de los matagi revelan pinceladas del dialecto del norte del ainu. Además, el radio que abarca la extensión de este dialecto es el mismo que el del dialecto de Tōhoku en la actualidad: en particular Iwate, Aomori, Akita y Yamagata, entre otras, pero todas ellas zonas del dialecto del norte de Ōu, si bien en lugares como Miyagi o Fukushima entre otros no se registran tales casos, lo que también es digno de mención.

              Así pues, el contacto que se realiza entre pueblos genera siempre un intercambio cultural, por lo que no ha de resultarnos insólito dar con elementos del idioma ainu en el japonés. No obstante, cuando tenemos en cuenta cómo se moldeará la relación entre el idioma japonés y el ainu en el futuro, nos hemos adherido en exceso a la idea de que en la cultura, al igual que el cauce del agua, las corrientes menores son caudales que van a desembocar en el conjunto del río; en cambio, si nos planteamos la cultura como la consecuencia del desarrollo de un pueblo para responder al clima local, en el marco de una región y un periodo determinados será el pueblo autóctono en lugar del recién llegado el más competente e influyente de los dos.

              Parece que los japoneses que se adentraron en la región de Tōhoku en la antigüedad adquirieron bastantes costumbres del estilo de vida de los ainu autóctonos. Claro está que con el tiempo fueron descartándolas poco a poco, pero en una región tan insólita como esta en la que la herencia ainu es relativamente predominante, y sobre todo en una sociedad única en la que sus creencias se manifiestan en actividades como la caza, cabe suponer que las costumbres y el idioma de entonces se conservaron en las generaciones posteriores. Como mínimo, la lengua ainu de los matagi es muestra fidedigna de ello.

              De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda la teoría que descarta que los ezo fueran los ainu: es decir, que en la antigüedad los ezo eran, en realidad, un pueblo de la zona que compartía rasgos raciales con los japoneses, y que si los topónimos de la región de Tōhoku se resuelven enlazándolos al ainu, también se puede hacer lo propio con el idioma japonés. Pues bien: ¿cómo explican estos académicos empecinados en la porfía las raíces de ainu en la jerga montañesca de los matagi?

(Publicado en la edición matutina del «Hokkaidō Shimbun» del 3 de febrero de 1961)

Fuente:  «Los wajin comen barcos»「和人は舟を食う」de Mashiho Chiri, publicado por el Hokkaidō Publication Project Center el 9 de junio del 2000.
Primera aparición: Edición matutina del «Hokkaidō Shimbun» del 3 de febrero de 1961
Transcripción: 川山隆
Corrección de la transcripción: 雪森
Publicación en Aozora: 25 de mayo de 2015

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